A día de hoy a mi no se me ocurre lanzar ningún negocio con sede física, también es verdad que me dedico al marketing digital desde sus comienzos y me lo veo hecho, sin embargo no siempre fue así.  Yo también tenía un taller y un estudio de diseño, donde trabajábamos como siempre se ha trabajado: teníamos dos comerciales, una administrativa, un par de diseñadores, 2 rotulistas, montadores, un encargado, un mozo de almacén… buff, me estreso sólo con recordarlo, llegamos a ser 11 personas, siendo una empresa familiar realmente modesta.

La organización, el engranaje a veces funcionaba mejor y otras peor, sobre todo porque al ser una Agencia de publicidad exterior, los trabajos solían depender de la diligencia del compañero encargado del paso anterior, y por supuesto de una constante entrada de nuevos presupuestos que asegurasen que el organismo nunca cesara de “alimentarse”.

He vivido en primera persona todos los problemas derivados de la gestión de personal, organización de procesos, comunicación interna, ventas, gestión de tesorería, etc., que me dan un bagaje extraordinario, sin embargo, dada la revolución que ha vivido este sector (como en casi todos), es que pienso de esta forma.  El mundo en el que funcionaba la situación anterior, ha dejado de existir.  Las empresas donde se manufactura, nunca serán igual de competitivas que aquéllas que puedan hacer lo mismo en Asia, dada nuestra presión fiscal y el “estado del bienestar” nos lo hace prácticamente imposible.

No trato de posicionarme políticamente, si no que me limito a establecer lo que para mi ya es un hecho probado.  Los medios tradicionales han sufrido constantes embates por “culpa” de la globalización, por la implantación de internet y la diversidad de canales existentes en la actualidad para la búsqueda de bienes y servicios por parte de los consumidores, apenas se ponen vallas publicitarias, no cesan de disminuir sus tiradas o incluso cerrar sus puertas publicaciones emblemáticas como diarios o revistas, ni que decir tiene que los anunciantes ya no están dispuestos a pagar por estos medios, lo que es exponencialmente más barato hacer por internet, redes sociales o aplicaciones móviles.

Por otro lado, mientras que un negocio púramente físico está limitado al tráfico humano que pase por su puerta o que pueda llevar a través de las diferentes acciones que pudiera llevar a cabo.  Un negocio digital rebaja los costes brutalmente para su constitución, y amplía exponencialmente las posibilidades de facturación.

Eso sí, no nos llevemos a engaño.  Si para un negocio físico estamos dispuestos a invertir tiempo y dinero (autónomos, alquiler, luz, agua, teléfono, publicidad, documentación…), en un negocio digital es exactamente igual, en este caso no tendremos que pagar alquiler pero sí un hosting o alojamiento, no tendremos que pagar luz y agua, pero sí que habrá que aumentar mucho el presupuesto para publicidad, ya que es mucho más difícil posicionarse en un mercado consolidado y muy competitivo, que hace unos 7 años, donde únicamente poniendo una tienda online y con un par de publicaciones en facebook se podía comenzar a facturar sin problemas.  Ahora no es así, ni por asomo.

El mercado está cada vez más saturado y el comprador muchísimo más informado, por no decir que no paran de crecer los canales por donde puede transitar nuestro cliente ideal.

Para saber cómo comenzar tu aventura digital es necesario que un profesional del sector te asesore acerca de la idoneidad del proyecto, estrategias digitales más adecuadas, sobre todo para no gastar más dinero del necesario y saber en cada momento qué inversiones suponen mayor retorno de la inversión para el negocio.